lunes, 23 de junio de 2014

Club Literario Soliluna

DÍA GRIS

Pues sí, hoy es un día de esos, de los propicios para el recuerdo paisano. Yo se que a usted de pronto poco o nada le debe importar cómo es que llegué a esta hermosa ciudad, abandonando mi tierra, parte de mi familia y a mi perro Colimocho. ¿Pero que más se hace cuando más que recordar lo que pasa es que no se olvida? El viejo Martin parece convocar a todas sus vivencias pasadas y dolorosas, de una sola vez y como desgranando mazorcas va llenando la habitación de un olor a nostalgias que todavía están muy recientes. El paisano de mirada fría para evitar que nadie busque en su alma, se quita el sombrero y arrimando la butaca donde está sentado, se acerca más al viejo Martin y se dispone a escucharlo con aire displicente. Yo vivía con mi familia compuesta por Julio mi hijo mayor; Sara su esposa, el pequeño Rubén que apenas cumplía dos años, ¡ah! Olvidaba al perro Colimocho. Nuestro rancho estaba situado a orillas de un rio que en época de invierno, se ponía de mal genio y nos despertaba su arrogante rugido; no respetaba nada y entraba a los ranchos sin pedir permiso. Pero un día… no fue el rio quien entró, eran ¡ellos! Que sin ningún miramiento destrozaron los pocos enseres que teníamos. ¡Ellos! Los emisarios de la muerte que sin decir una sola palabra hicieron arrodillar a mi Julio junto a Colimocho, que del espanto se le había olvidado ladrar, tan solo abría más de lo debido sus amarillos y redondos ojos. Un eco atronador informó de la infamia. Sara y el pequeño Rubén no estaban en el rancho. Se habían ido para la plaza a comprar algunas cosas. Yo me encontraba en el zarzo buscando una cabuya; por eso no me vieron. Por eso yo si los vi… Apenas salieron en tropel con su culpa encima abandone el zarzo, me acerqué trastabillando hacia donde estaba mi Julio. Colimocho que seguía sin poder ladrar, tan solo presentía mi pena y fue agachando sus orejas como queriendo decir “lo siento”. El paisano que hasta ahora había permanecido imperturbable, lanzó una inquieta mirada que se perdió por la ventana buscando los grises nubarrones, buscando donde ocultar, las dos primeras gotas que amenazaban con empezar a caer. Con la poca fuerza que aún me quedaba, corrí a la plaza por Sara y el pequeño. Ya algún vecino más veloz que ya había dado aviso a Sara que con paso inseguro y los ojos nublados por la tragedia se acercaba al rancho. Los días siguientes se negaron a disminuir nuestra pena. Por eso estoy aquí paisano. Cuando haya terminado algunos asuntos le entregaré el cuarto y tendré que volver a clavar una cruz donde mataron a mi Julio. El perro Colimocho quizá ladre de nuevo, pero lo hará al viento, esperando una respuesta, esperando a mi Julio…El paisano, apenas el viejo Martín acabo su relato no dijo nada y se dirigió a su cuarto. Un negro pensamiento llegó a sus labios en forma de palabras ¿Por qué será que esta historia se parece tanto al motivo que trajo mis pasos hasta aquí?.

Edilma Guzmán
Club Literario Soliluna

PBLG